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Cómo convirtieron su isla a la agricultura biológica

Fréderiqué Basset para Kaizen, 16/7/14. Traducido por Rebelión.

Lo que es un sueño para los ecologistas del todo el mundo, los cubanos han hecho realidad. Desde hace veinte años, la isla se ha convertido a la agricultura biológica. Necesidad, posibilidad y voluntad son las claves de este éxito.

En 1989 cae el Muro de Berlín y dos años después se desmorona la Unión Soviética. Cuba pierde entonces su suministrador de petróleo, de material agrícola, de abonos químicos y de pesticidas. Con la desaparición de la URSS y de los países del Este que compraban sus productos a precios constantes, la isla pierde también unos importantes mercados, sobre todo el del azúcar, un 85% de cuya producción exportaba.

Se hace de la necesidad virtud. La población se lanza a cultivar fruta y verduras para poder satisfacer sus necesidades alimentarias. «Los cubanos tenían hambre. Es la población cubana quien dio los primeros pasos ocupando tierras en un movimiento espontáneo», explica Nils Aguilar, director del documental Cultures en transition . Miles de jardines, «organopónicos», florecen en pequeñas parcelas de tierra, en las terrazas, entre las casas, en antiguos vertederos, en medio de solares, es decir, en el menor espacio que quede libre. Además de la agricultura se suele practicar también la cría de animales pequeños: gallinas, conejos, patos, cerdos. «Los actores principales del movimiento agroecológico son los propios campesinos», afirma Dorian Felix, agrónomo especializado en agroecología tropical, en misión en Cuba enviado por la asociación Terre et Humanisme . «Experimentaron estas prácticas, las validaron y las difundieron. Su movilización y la de toda la sociedad civil fue y sigue siendo muy importante».

Acto seguido el gobierno emprende una transición forzada. La producción de comida se convierte en una cuestión nacional. A partir de la década de 1990, se pone el acento en la producción local, a partir de recursos locales y para consumo local. El Estado distribuye terrenos a quienes quieren cultivarlos y desarrolla una agricultura alimenticia y biológica de proximidad: al no tener petróleo para hacer funcionar los tractores se recurre a la tracción animal; al carecer de abonos químicos y de pesticidas se vuelve a descubrir el compost, los insecticidas naturales y la lucha biológica.

Cuba produce hoy para su consumo más del 70% de las frutas y verduras, si mañara cesaran las importaciones de alimentos los habitantes estarían mucho menos en peligro que los de un país como Francia, que solo dispone de cuatro días de reserva en sus supermercados.

El impacto de esta revolución verde es múltiple: reducción de la contaminación, reciclaje de residuos, aumento de la biodiversidad, diversificación de la producción, mejora de la seguridad alimentaria, del nivel de vida y de la salud y creación de empleos.

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